La interpretación del lugar siempre genera una respuesta a la pregunta suscitada, del mismo modo que las necesidades programáticas;
Tal y como indica el nombre que titula las ordenanzas de Camprodon, que rigen para las edificaciones que se construyen colindantes al río Ter, “ENLLATER” que significa más allá del río Ter, es el nombre que representa y adopta el proyecto, el cual se apropia de las identidades del lugar, que describen el carácter propio de un espacio fluvial, tales como afloraciones rocosas que emergen del lecho mayor y que se extienden a lo largo del río Ter o la vegetación autóctona propia de los meandros del río y los árboles de ribera. Pues los ríos son los principales agentes formadores del paisaje y en este caso de la arquitectura.
La edificación rompe con la trama urbana y la tipología unifamiliar de la zona, eminentemente con envolventes de madera y cubiertas de tejas a dos aguas, reinterpretando la esencia del estricto plan urbanístico de esta zona protegida, se utiliza la madera como negativo en fachadas y las cubiertas inclinadas quedan encerradas mediante un pretil que refuerza el carácter horizontal de la volumetría. El basamento y su relación con el terreno es un fiel reflejo de la naturaleza de cualquier lecho fluvial pirenaico, donde en los confines de los cauces emerge un manto rocoso del cual también se ha obtenido su negativo.
El volumen ofrece distintos vectores visuales, trabajando los horizontes próximos y lejanos en función del programa, mientras en su orientación Sur donde se ubican baño y dormitorio principal, el edificio coloniza los límites naturales a los pies de una gran afloración rocosa la cual se precipita dramáticamente sobre la edificación que encierra e introduce la naturaleza en su cara más privada, la fachada Oeste ofrece un vector visual bien distinto, pues en esta orientación se vuelca el programa más social con visuales abiertas al bosque. Por último, la fachada Norte que a su vez coincide con la orientación más expuesta a una concurrida calle con aparcamiento, se vuelve introvertida y opaca con el fin de preservar la intimidad.
En cuanto al tratamiento de la luz, no obstante hallarnos en unas latitudes donde la heliofanía es superior a las 8 horas, en este enclave de los Pirineos durante los meses de diciembre y enero, se invierte a 0 horas de radiación solar, pues debido a la topografía montañosa y el acimut del sol el emplazamiento queda privado de luz por completo durante 8 semanas como si de Europa septentrional se tratara. Por todo ello, a diferencia del resto de viviendas vecinas distribuidas en PB + P1 y que buscan la luz a través de múltiples aberturas en sus fachadas, se proyecta un volumen en una sola planta de 4 metros de altura con un gran hueco cenital de 8 m2 en el centro, para captar toda la luz posible y que esta sea la que jerarquice y genere el programa funcional. Este patio a su vez, es una representación estacional, donde su vegetación caduca y el conjunto de sombras propias y sombras proyectadas nos insinúan en qué periodo del año nos hallamos.
Por todo ello, la edificación no puede ser entendida formalmente, ya que su esencia subyace en aspectos conceptuales que solo pueden ser comprendidos mediante su vivencia y el lugar.